Y también en mi se alza la ola. Se hincha, arquea el lomo. Una vez más tengo conciencia de un nuevo deseo, de algo que surge en el fondo de mi, como el altivo caballo cuando el jinete pica espuelas y después lo refrena con la brida. ¿Qué enemigo percibimos ahora avanzando hacia nosotros, tú, sobre quien ahora cabalgo, mientras piafamos en este pavimento? Es la muerte. La muerte es el enemigo. Es la muerte contra la que cabalgo, lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba en la India. Pico espuelas. ¡Contra ti me lanzaré, entero e invicto, oh Muerte!

Las olas rompían en la playa.

Las olas. Virginia Woolf

sábado, 26 de noviembre de 2011

Sartoris. William Faulkner

"Como de costumbre, el viejo Falls había conseguido que John Sartoris estuviera con él en la habitación; una vez más había hecho cinco kilómetros a pie desde el asilo del condado, trayendo consigo, como una fragancia, como el olor a limpio de su mono desteñido, cubierto de polvo, el espíritu del muerto; y en la oficina de su hijo, los dos, el pobre de solemnidad y el banquero, conversaron de nuevo durante media hora, en compañía de aquel que había pasado del otro lado de la muerte y regresado después".

En el primer párrafo, incluso en la primera frase, ya se ve, normalmente, la grandeza del libro que uno se dispone a leer. ¡Qué gusto da volver a los Grandes!

2 comentarios:

Mabalot dijo...

Pues vete preparándote. Personajes de carácter, tanto masculinos como femeninos, y cada uno a lo suyo. Está llena de coñas la novela. Hay que leerla muy tranquilo, viendo todo lo que narra.

Que la disfrutes.

Almudena dijo...

Gracias! Una gozada desde luego!