Y también en mi se alza la ola. Se hincha, arquea el lomo. Una vez más tengo conciencia de un nuevo deseo, de algo que surge en el fondo de mi, como el altivo caballo cuando el jinete pica espuelas y después lo refrena con la brida. ¿Qué enemigo percibimos ahora avanzando hacia nosotros, tú, sobre quien ahora cabalgo, mientras piafamos en este pavimento? Es la muerte. La muerte es el enemigo. Es la muerte contra la que cabalgo, lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba en la India. Pico espuelas. ¡Contra ti me lanzaré, entero e invicto, oh Muerte!

Las olas rompían en la playa.

Las olas. Virginia Woolf

viernes, 16 de diciembre de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne / La inconstancia de nuestras acciones

Empezamos el libro II. Toda mi vida me acompaña la duda sobre si, en lugar de aprender y probar numerosas cosas diferentes, no debería haberme centrado en una sola de ellas. Porque, al final, no sé hacer nada bien y, a pesar de que me lo he pasado muy bien probando, creo que, llegados a este punto, habría disfrutado más sabiendo hacer algo realmente bien, conociendo algo en profundidad. Es cierto que mi personalidad es así, y es difícil cambiar. Cuando estoy haciendo una cosa ya estoy pensando en la de otras que me pierdo. No hay remedio. 
Para Montaigne la sabiduría es constancia, la perfección es constancia. Primero hay que iniciar el camino con reflexión y deliberación, tener un objetivo y, después, perseverar con paciencia. Pero también nos dice que, ya que todos nosotros somos un conjunto de elementos y que somos esencialmente inconstantes, no podemos juzgar a los demás viendo sólo una parte. Debemos esperar, seguir a la persona, ver el conjunto, lo más posible, para hacernos una idea cierta. No debemos precipitarnos en nuestros juicios.  Pensar en el objetivo, ver el conjunto y luego trazar el camino y perseverar en él. 

"No hay viento propicio para quien no se dirige a ningún puerto"

viernes, 28 de octubre de 2016

Me llamo Lucy Barton. Elizabeth Strout

Un breve paréntesis en Los ensayos para comentar que Me llamo Lucy Barton impresiona. Deja huella. Especialmente, diría, si eres mujer y eres hija única (me refiero a la única hija mujer, sin hermanas). No es fácil hablar de la relación con una madre. Pero no es fácil especialmente si eres la única hija. No es fácil la relación con la madre en estos casos. Este libro habla de una relación muy particular, pero, al menos yo, consigo identificarme, siendo que es muy diferente a mi experiencia. Me hace reflexionar, me hace sentir muchas cosas. Es un libro sencillo e intenso que se lee del tirón. Ha tenido unas críticas fantásticas y las merece todas. Otra joya.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne/ La edad

De nuevo me sorprende la actualidad y modernidad de la reflexión de Montaigne sobre la edad. Se lamenta Montaigne de que no se permita a los jóvenes trabajar antes y que se dedique tanto tiempo al aprendizaje y al ocio. Nos dice que, según su conocimiento, las más bellas acciones de los hombres suceden cuando son jóvenes y que con la vejez se pierden muchas facultades, para algunos del cuerpo, para otros, del alma.

Montaigne piensa que a los veinte años una persona (hombre más bien) ha desarrollado o completado plenamente su personalidad, y que difícilmente ya cambiará o, incluso, mejorará.

Dice que no le parece razonable mandar a alguien al retiro antes de los cincuenta y cinco o sesenta años y que alargaría el oficio todo lo que fuera posible, por el interés público.

"No puedo aprobar la manera en que fijamos la duración de nuestra vida. Veo que los sabios la acortan mucho en comparación con la opinión común".

Los ensayos. Michel de Montaigne / Una sentencia de César

Esta reflexión me llega tan al alma y tan directamente que me deprime. Me entristece pensar que alguien como Montaigne piensa en esto también y que tanta razón tiene que este tema debe ser absolutamente consustancial al ser humano. Quizás solo algunos hombres sabios puedan librarse.

Nos dice: si nos dedicáramos de vez en cuando a examinarnos, y el tiempo que utilizamos en fiscalzar a otros y en conocer las cosas exteriores a nosotros, lo empleásemos en sondear en nuestro interior, nos percataríamos de hasta qué punto toda nuestra contextura se compone de piezas débiles y deficientes.

No puedo poner una sola idea, tendría que copiar todo el ensayo.

César: "Debido a un vicio general de la naturaleza, ponemos más confianza y temor en las cosas que no hemos visto y que están ocultas y son desconocidas. Guerra Civil.

Los ensayos. Michel de Montaigne / La vanidad de las palabras

Me troncho con este ensayo que, además, me recuerda mucho a mi hermano Federico. Fede suele decir que, en las bodas, siempre se le van los ojos al menú infantil, a esos espaguetis o filetes empanados más apetecibles que los absurdos canapés.

Pues bien, Montaigne nos habla del ridículo que hacen algunos entendidos agrandando, con el lenguaje, algunas cosas sencillas o, simplemente, normales. Aprovecha, de paso, para mandarles un viaje a los arquitectos, diciendo que se les hincha el ego hablando de pilastras, arquitrabes o cornisas... para descubrir, como dice él, que ¡¡¡son las piezas de la puerta de su cocina!!! o que algunos términos, como metáfora o metonimia, son formas gramaticales ¡¡¡que atañen a la charla de la criada!!!

Con mucha gracia, Montaigne pone el acento en algo tan común hoy en día como la tendencia a poner adjetivos excepcionales a cualquier cosa normal para, muchas veces, simplemente darnos importancia a nosotros mismos.

"Me ha pronunciado un discurso sobre el arte de la comida con gravedad y gesto magistrales, como si me hablara de algún punto importante de teología. (....) Y todo ello, hinchado con ricas y magníficas palabras, y las mismas que se emplean para tratar del gobierno de un imperio."


martes, 30 de agosto de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne / La soledad

Unas palabras sobre la soledad, especialmente para tratar de llevarlas siempre conmigo, ya que como cita Montaigne sobre Sócrates al que le dicen que una persona no se había hecho mejor con un viaje, "lo creo", dice Sócrates, "se había llevado consigo".
Nos recomienda Montaigne liberarnos de los fardos que arrastramos con nosotros mismos, ya que sólo si cuidamos nuestra alma seremos completamente libres y, solo así seremos completamente felices.
Debemos trabajar en conocernos, comprendernos y aceptarnos. Pero, no solo eso, debemos también perdonarnos como perdonamos a los demás. ¿Por qué nos machacamos intensamente mientras tratamos de justificar y empatizar con otros? Yo soy experta en esto.
No soy de las que son capaces de vivir en soledad, de no depender de los demás, de su compañía y de su cariño. Sin embargo, a menudo soy mi peor enemiga. Como Montaigne, trato de prepararme constantemente para el sufrimiento, para el infortunio, pero creo que de nada sirve salvo para sufrir ahora y cuando suceda, y si no sucede, habré incluso sufrido en vano.
Pero estamos solos. Al final, solo somos nosotros, nadie puede ser por nosotros, nadie siente, piensa, sufre, se inquieta, teme, o ama, en nuestro lugar. Nuestra vida es lo único que tenemos, debemos tratar de vivirla plenamente, olvidándonos de la aprobación de los demás, liberándonos de lo que dirán.

"No has de buscar más que el mundo hable de ti, sino cómo has de hablarte a ti mismo. Retírate en tu interior, pero primero prepárate para acogerte"

viernes, 26 de agosto de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne / La amistad

Mientras mantenga la cordura, nada será para mi comparable a un amigo (Horacio, citado por Montaigne).

Para Montaigne la verdadera amistad, la pura, la total, la que no se comparte ni reparte es el sentimiento más noble y más sublime que puede existir. Para él es la comunión perfecta con otra persona, el entendimiento absoluto, la perfecta armonía. Nos dice Montaigne que en la amistad de la que él habla las almas se mezclan y confunden entre sí con una mixtura tan completa que borran y no encuentran ya la costura que las unió. Qué belleza. Yo no se si he encontrado nunca algo así aunque si lo he buscado siempre. Sí ha sido para mi el ideal de amistad. Siento que he estado preparada siempre para una amistad así, pero no la he encontrado. Durante muchos años, en la adolescencia, primera juventud... he tenido amigos y amigas a los que me he entregado en cuerpo y alma, pero que llegado el momento me han decepcionado. Durante mucho tiempo he pensado en que la culpa estaba siempre en los demás, sin embargo, ahora, creo que posiblemente yo tampoco les di lo que ellos esperaban.

En la madurez me siento muy afortunada porque creo que tengo buenos amigos. No se si de la profundidad de la que habla Montaigne, pero amigos con los que siento que soy libre, y con los que me siento querida. Amigos con los que me siento en casa, con los que no hay que simular lo que no eres, amigos que no te juzgan por lo que has hecho en la vida, por el éxito... ya no busco más que esos amigos.

Para Montaigne la amistad no puede ser amor, ya que éste está dominado por el deseo, mientras que la amistad es calmada y libre, no está supeditada a ninguna distracción. Para mí, sin embargo, esa pureza y comunión de la que habla, lo más cerca que la he encontrado si ha sido en el amor. Ese entendimiento silencioso, esa compenetración profunda que los años van construyendo como capas de cera que penetran en la madera hasta darle ese dorado que solo luce en la vejez. Muchos de los sentimientos de los que habla de su gran amigo los siento yo en el amor, y el sentimiento de pérdida que sufre cuando pierde a su amigo será como yo me sienta si pierdo alguna vez a Lorenzo. 

"Contigo se han desvanecido todas nuestras alegrías que, mientras vivías, tu dulce amor alimentaba. Tú, al morirte, has destruido mis placeres, hermano; contigo ha sido sepultada toda nuestra alma."







sábado, 6 de agosto de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne/ La pedantería

Capítulo XXIV. La pedantería.

Nos dice Montaigne que de nada sirve saber o acumular conocimiento si no conlleva una reflexión, un entendimiento. De nada sirve acumular y acumular datos y replicar lo que dice éste o aquel, si uno no aporta su reflexión particular. Admiramos a los eruditos pero más valor tienen aquellos que piensan por si mismos, que tienen ideas propias.  Recitar lo puede hacer igual un loro.

Guardamos las opiniones y la ciencia de otros y después nada más. Nos dice que tenemos que hacerlos nuestros, teñirnos con el conocimiento. Es cierto que cuando alguien cita lo que ha leído, lo que ha estudiado, en fin, lo que sabe, solemos admirarlo y considerarlo a él mismo una persona sabia.  Yo la verdad es que nada puedo recitar ya que de nada me acuerdo. Pero quizás si hiciera el esfuerzo de pensar en lo que estoy leyendo y tratara de formarme una opinión conseguiría aprehender algo de conocimiento y quizás eso me haría mejor. Por que ¿de qué sirve el conocimiento si no es para hacerte mejor persona?

Esta idea me recuerda a la gente que se cree importante porque conoce o es amigo de alguien que ha hecho algo importante, como si se le pegara a él, como si el hecho de que sea su amigo le transfiriera a él mismo su don.

Montaigne no se deja engañar, se aplica su misma reflexión y nos entrega sus pensamientos sin ocultarse nada. Las cosas son así, le guste más o menos. Muchas son, una vez que las leemos, de sentido común diremos, y sin embargo, caemos en los errores que nos muestra una y otra vez. Conviene tenerlo en cuenta. Por eso quizás algunos comentan que es tan util tener Los ensayos de libro de cabecera.

martes, 2 de agosto de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne/ La costumbre

Capítulo XXII. La costumbre y el no cambiar fácilmente una ley aceptada.

Porque la costumbre es en verdad una maestra violenta y traidora... que embota nuestros sentidos, dice Montaigne. Ciertamente creo que el peor de los argumentos es aquel de "porque se ha hecho siempre así", o que una costumbre ha de mantenerse porque forma parte de nuestra tradición, como si todo lo pasado fuera mejor parafraseando a Manrique. No encuentro nada más pobre y vago,  es no querer pensar por uno mismo. Precisamente Montaigne nos dice que debemos tener extremo cuidado en educar a los niños a aborrecer los vicios por su propia extrañeza, no solo de acción, sino de corazón. Es decir, debemos cuestionarnos todo nosotros mismos, no dejar que nuestro juicio dependa simplemente de lo que los demás piensen. Yo peco mucho de esto. Muchas veces lo que dice alguna persona a la que admiro no lo juzgo ni por un instante, lo doy todo por bueno, cuando a veces si me paro a pensar un poco no estoy de acuerdo. Y cuando alguien lo rebate y utiliza mi argumento, me arrepiento enormemente de haber sido tan tonta y de no haber tenido personalidad alguna.

Ayer discutíamos de religión y yo decía, con poco tiento como a menudo me pasa, que la religión es una máquina de engañar a la gente. Lo expresa mejor Montaigne cuando que habla de la grosera impostura de las religiones de la cual tantas grandes naciones y personajes capaces se han visto embriagados por ella, al quedar esta parte fuera de la razón humana...

Continua Montaigne con un repaso de la enormes diferencias entre los pueblos respecto lo que consideramos normal, de nuestras costumbres. A mi me parece, en general, todo el mundo muy raro. Hasta los amigos más cercanos, incluso nuestros hermanos o familiares, muchas veces tienen costumbres para mi del todo inexplicables... De ahí lo importante, según nos muestra Montaigne, de aprender a cuestionarnos primero a nosotros mimos, tratar de mirar no solo hacia fuera sino primero hacia nosotros mismos.

... Pero las advertencias de la verdad y sus preceptos se reciben como si se dirigieran al pueblo y jamás a uno mismo.

Sin embargo, para Montaigne, la libertad de uno debe ir por dentro, limitarse a sus pensamientos y juicios,  y por fuera encuentra que es agradable seguir las normas generales. Nos recuerda que uno debe tener mucho amor propio y presunción para llevar sus opiniones hasta tal extremo de alterar la paz pública. Y que, por encima de todo, uno debe cumplir las leyes, aunque parezcan injustas, como Sócrates se dejó matar, aun sabiendo que su juez estaba equivocado.

lunes, 1 de agosto de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne/ Que filosofar es aprender a morir

Capítulo XIX. Que filosofar es aprender a morir.

Una vez leído este capítulo no se como puede seguir Montaigne escribiendo, ni alguien leyendo. Si no fuera porque voy por la página 83 de 1.669 diría que aquí se ha acabado el libro. Sin embargo, quizás esto solo es por el tema en cuestión o por la forma en que lo aborda. Si nos lo tomamos como un tema más, efectivamente se puede seguir otras 1.586. Montaigne hace un gran esfuerzo por razonar sobre lo absurdo del miedo a la muerte porque cuando  muramos ya no estaremos ahí para estar tristes, ni sufriremos, ni padeceremos; la muerte no forma parte de la vida... si, pero el mismo ensayo es una prueba de lo mucho que nos preocupa la muerte, de lo difícil que es una aproximación racional a la misma. Coincido con él en que uno debe acostarse todos los días con la conciencia tranquila, no por uno mismo, sino por los que se quedan. El hecho de no decir algo que te importa, de no hacer por alguien eso que tienes en la cabeza, es una faena para el otro. A ti, una vez que te mueres ya no te importa, pero si dejas algo a medias y te mueres, al que se queda ya no le das la oportunidad de escuchar o recibir aquello que tu querías darle, y ya eso se queda con él o ella así, sin arreglar...

"Como hombre que continuamente me envuelvo con mis pensamientos, y los aplico en mi, estoy siempre preparado en la medida que puedo estarlo. Y la llegada de la muerte no me advertirá de nada nuevo"

domingo, 31 de julio de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne/ La firmeza

Capítulo XII. La firmeza

Su espíritu permanece inmutable, en vano se le deslizan las lágrimas (Virgilio, Eneida)

La firmeza es de necios cuando supone recibir un duro golpe por no apartarse. Es de sabios sobrecogerse ante el estruendo del cielo pero mantener la opinión "libre e intacta". "El sabio no se exime de las perturbaciones, sino que las modera".

La firmeza por tanto debe ser flexible, no se trata de aguantar a toda costa. A menudo te dicen unos y otros que persistas, que aguantes, que si eres firme tendrás la recompensa al final del camino. En estos momentos de mi vida me encuentro en esa encrucijada. Siento que debo abandonar una empresa, que la etapa ha llegado a su fin, que apartándome del camino la derrota será menor. Sin embargo todos me alientan a seguir, como si eso tuviera más mérito que dejarlo a tiempo. Si hago caso de los consejos de Montaigne, debería retirarme a tiempo. No puedo evitar sobrecogerme ante la perturbación pero podría tratar de que fuera menos dolorosa.

sábado, 30 de julio de 2016

Los ensayos. Michel de Montaigne/ Los mentirosos

Capítulo IX. Los mentirosos

Comienza hablando Montaigne de la memoria y me enternece. Siendo un tema que actualmente me obsesiona porque siento que ya no me acuerdo de nada, Montaigne dice "casi no reconozco traza alguna de ella en mi" y acto seguido cita a Platón. ¿Lo citará si acaso mirando el libro? No creo, supongo que lo cita de memoria. Si acaso habrá tenido que echar mano del libro para comprobar exactamente la cita pues a lo mejor no la recordaba con precisión. Si no fuera gracioso, y no fuera que ya nos advirtió que el libro era de buena fe, parecería bien una tomadura de pelo o bien falsa modestia. Pensándolo bien quizás el tema radica en las expectativas que uno tiene sobre lo que debe recordar. A lo mejor él olvida proporcionalmente lo mismo que lo que yo olvido... aunque, la verdad, no lo creo. Dice que sus restantes características son "viles y comunes", pero que en esta es "singular y rarísimo, digno de adquirir nombre y reputación" (es genial la nota que pone a pie de página). Quizás olvida ciertas cosas y no otras. Quizás olvida cosas de la vida cotidiana o es despistado. Sin embargo, nos dice que no descuida nunca el encargo de un amigo.
De la falta de memoria, a pesar de los inconvenientes que conlleva, nos dice que encuentra consuelo, en primer lugar porque supone, para él, corregir un mal peor, la ambición "tan importante para los que pretenden resolver los problemas del mundo" y, en segundo lugar dice que gracias a la falta de memoria habla menos, siempre de agradecer para no perderse por las ramas ni decir tonterías. Lo malo, como me pasa a mi, es que a veces nos sentimos obligados a decir cualquier cosa para parecer más inteligentes y como ni tengo memoria ni ingenio, solo consigo hacer el ridículo. Menos mal que mis amigos me quieren y no me lo tienen en cuenta.